feliz

Hija feliz, madre feliz.

Hoy he pasado el día con mi hija, acompañándola en unos momentos duros para la familia y estoy feliz. Sé que tengo que estar con ella acompañándola y necesito estar con ella, cuidándola.

Duro embarazo.

Hace 6 meses, tras un embarazo de riesgo y con alguna complicación nació mi nieta Triana. Todos esperábamos su nacimiento con entusiasmo y mucha alegría. Pero la dicha nos duró poco al anunciarnos que la niña tenia una cardiopatía, que no había sido detectada en las ecografías. Y se la llevaron a la UCI de neonatos. Pude escuchar el crujir de mi corazón al verle la cara a mi hija. Mi hija, que meses atrás perdió a su primer bebé tras más de 5 meses en su barriguita. Tenía que volver a sentir el miedo de la pérdida por segunda vez. Poco a poco, con las observaciones médicas oportunas nos fueron tranquilizando. Era operable y con buen pronóstico para la niña. Así que nos tocó la dura espera hasta llegara el momento oportuno para la operación.

Corazón arreglado.

Ayer fue el día señalado. Tras más de 5 horas de operación, el doctor Reza arregló el corazón de nuestra niña. Y tengo que decir que me ha sorprendido enormemente la entereza y templanza con la que ha llevado todo el proceso mi amada hija. No solo en el día de ayer, sino durante los duros meses de cama al final del embarazo y estos duros meses de espera hasta la operación. Ole, Ole y ole por esa maravillosa madraza de tan solo 19 años, que me da mil vueltas en paciencia, ternura y serenidad.

Su padre ha estado presente también en toda esta espera y ahora como es natural. Ella dice que está feliz con los dos. Aunque una madre es una madre y sé que agradece mi presencia.

Si mi hija está feliz, yo soy feliz.

Mi hija es extremadamente prudente a la hora de pedir y no va a pedirme que esté. Pero cuando le pregunto, sus ojos me lo dicen todo. Sus ojos me dicen “mami, quédate conmigo”.

Así que hoy, tras mucho dudar, decidí plantarme en el hospital y acompañar a mi hija, a pesar de estar con su padre, que no me habla. Si a ella no le molesta la situación, y así me lo ha hecho entender, a mi tampoco.

He llegado a casa satisfecha y feliz. Hoy he compartido con mi hija sus miedos, su espera, la comida y alguna risa. La he dejado feliz y con eso yo ya soy feliz.

Rocío Toronjo.




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