Hijos. Aprender el desapego

Hijos. Aprendiendo el desapego.

Mi experiencia con mis hijos

Mi experiencia con mis hijos, especialmente con mi hija, me ha enseñado dura e inevitablemente la realidad de ese poema tan hermoso de Kahlil Gibran “Tus hijos no son tus hijos”. El desapego.

Efectivamente, los hijos son una experiencia más de aprendizaje en esta vida. Quizás la experiencia más dura y a la vez hermosa que podamos tener.

Antes de nacer ya piensas en ellos como algo tuyo. Alguien indefenso o indefensa a quien deberás cuidar, enseñar y transmitir todo lo que has aprendido con tus experiencias… Los traes al mundo con la idea y el sentimiento de que son parte de ti (y de tu pareja). Y los ves crecer pensando que siempre van a estar a tu lado, escuchándote, admirándote y que vas a poder guiarles para que sean felices y tengan una buena vida… Pero no es así.

“No vienen de ti, sino a través de ti, y aunque estén contigo no te pertenecen.” (Kahlil Gibran)

Ellos tienen que vivir sus experiencias de aprendizaje. Al igual que tu viviste las tuyas y por mucho que tu madre y tu padre quisieran evitarte sufrimientos e intentaran evitarte lecciones de vida, tuviste que vivir las tuyas propias y no las de ellos.

Y llega un momento en el que ya no necesitan tus cuidados básicos. Llega un día en que deciden por ellos mismos y aunque tú pienses que se trata de un error será su error, será su decisión, será su aprendizaje. Llega un momento en que deciden vivir sus vidas.

Y ese momento siempre nos parecerá pronto, muy pronto.

Todas y todos queremos lo mejor para nuestros hijos e hijas. Queremos que sean felices. Pero la medida que usamos para su felicidad, para ese “lo mejor” es nuestra medida, fruto de nuestras experiencias previas, se trata  de nuestro concepto de mejor y de felicidad. Debemos tener claro que a nuestros hijos e hijas es posible que les hagan felices cosas diferentes a las que nos hacen felices a nosotros. Tus hijos, tus hijas tienen que andar su propio camino. Y su camino lo deciden bien pronto, en cuanto comienzan a tomar decisiones. Decisiones que les llevan a donde estén hoy.

Yo he aprendido con mis hijos la mayor lección de desapego posible. Mis hijos no son míos. Son hijos de la vida que llegan a través de mí. No puedo hacer que vivan la vida que yo les deseo, por mucho amor que lleve este deseo, no puedo hacerlo.

Y no hay edad para aprender esto. A mi me ha tocado aprenderlo desde muy pronto. Mi hija ha decidido sin mí muy pronto. Muy pronto desde mi punto de vista, desde mi criterio, desde la visión que tengo de la vida fruto de mis aprendizajes y vivencias. Y me ha costado mucho aceptar que comienza su vida sin mí. Una vida completamente diferente a la que soñaba para ella. Diferente a la idea que yo tengo de vida feliz. Pero al fin y al cabo es su vida. Y la veo feliz y dichosa, sonriente y animada. Feliz con las decisiones que toma. Sus decisiones. Feliz con la vida que ha decidido llevar. Y si algún día necesita mi hombro y mis abrazos para consuelo de su dolor, aquí me tendrá. Pues siempre será mi niña, mi niño…aunque no sean míos.

La siembra

El otro día hablando del tema con unas amigas, comentaba una de ellas que le quedaba la tranquilidad de que gotita a gotita estaba sembrando y que algún día vería os frutos. Decía esto porque veía que su hijo adolescente empezaba a responder en la forma que ella le había mostrado. Mi otra amiga y yo opinamos algo diferente. Sí es cierto que como madres, o padres, sembramos en nuestros hijos, con el ejemplo y la educación que les damos. Pero para que algo florezca es necesario también abonar, regar, el sol… Y a veces estas variables no nos corresponden, estan fuera de nuestro control. Se corresponden con las elecciones que nuestras hijas e hijos hacen libremente: amistades, entornos, y también su genética y su propio carácter. Así que, a pesar de nuestra siembra puede que el fruto no sea el esperado.

Cuando esperas que suceda algo determinado es muy probable que llegue la decepción. Cuando siembras en tus hijos esperando recoger algo concreto, es posible que te decepciones, pues con la mezcla de todas las variables el resultado final puede ser muy diferente. Creo que es muy importante la actitud de no esperar nada concreto, pues esperando es como llegan las decepciones. Confía en que lo has hecho lo mejor que has podido, aunque el resultado final no va a depender de ti.

Y por último, el camino de una persona es algo que dura toda la vida. Por lo tanto que en un momento dado no haya resultados positivos, esto no significa que estos no vayan a llegar.

Feliz día.




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