Ser perfecta para que nos acepten

Ser perfecta. Una creencia que limita.

Cuando era niña, siempre tuve la sensación de ser buena, y la necesidad de ser perfecta…

Os voy a contar una experiencia personal, sobre mi necesidad de ser perfecta. Es posible que os sirva para analizar vuestras raíces y experiencias infanto-juveniles. Quizás os pueda ayudar a ver de dónde vienen algunas creencias que os acompañan desde niña o desde niño y que suponen un lastre en vuestro desarrollo personal.

A muchas personas nos pasa, que sentimos la necesidad o exigencia personal de ser perfectas, si no no somos válidas. Así ante una nueva oportunidad de hacer algo nuevo tenemos la obligación (personal) de hacerlo a la perfección, si no no lo hacemos. Esto supone un gran problema, pues la perfección como tal no existe y podemos estancarnos en buscarla. De manera que al final no hacemos lo que íbamos a hacer porque no termina de salir a la perfección.

Creencias limitantes. Miedo al rechazo.

Por supuesto, esta auto-exigencia por la perfección siempre esconde el miedo a la crítica o al rechazo.

Todas estas creencias (miedo a la crítica, miedo al rechazo, perfeccionismo…)se instauran en nuestra mente desde muy temprano y la mayoría de las veces permanece escondido de manera inconsciente. A menos que se haga un profundo trabajo personal, permanecen en nuestro subconsciente. Expresiones de nuestros adultos de referencia y vivencias pasadas son la base de estas creencias limitantes. Y no es que nuestros mayores quisieran nuestro mal. No es cuestión de echar la culpa a nuestros padres, abuelos, tíos, profesores… Recordemos que no es lo que nos sucede sino cómo lo interpretamos, qué nos contamos sobre ello. Es posible que nuestros mayores no tuvieran intención de hacernos daño, o sí, pero nuestras mentes infantiles, ávidas de amor y cariño estaban dispuestas a todo por conseguirlo. Así que interpretamos todo en función de recibir aprobación y amor.

Ser perfecta.

Cuando era niña, siempre tuve la sensación de ser buena, casi perfecta. Buena estudiante, buena hija, buena y cariñosa, buena y obediente…

Por otro lado, mi hermana pequeña, que tenía más personalidad y carácter, era tachada, ante mis oídos, de “tojo” (arbusto espinoso).

¿Qué hizo mi niña interior con toda esta información?¿Qué interpretación hice?

Pensé que cuando haces cosas no agradables a los demás, esto produce rechazo por parte de la otra persona. Así mismo, si me alagan y alaban mis buenas conductas, poniendo buena cara y sonriendo y contándolo a los demás como un logro, yo interpreto que para que me quieran y acepten debo comportarme así. Y con “así” me refiero a ser buena, a hacer lo que los demás esperan de mí y a hacer las cosas bien. Y si en lugar de hacer las cosas bien las hago perfectas, pues imagino que me querrán más.

“Las cosas se hacen bien, si no mejor no las hagas”.

Por otra parte, en mi casa siempre he escuchado la expresión “ las cosas se hacen bien, si no no se hacen”. Probablemente fue dicha con otra intención. Pero imagínense cómo puede sonar en la mente de una niña que siente que debe ser perfecta para que la quieran. Las cosas no se podían hacer a medias o sin que quedaran impecables, si no eran tachadas de “fullerías”. Fullera es una etiqueta que he soportado a menudo, cuando las cosas no las terminaba como esperaban mis adultos de referencia.

Necesito ser perfecta para ser aceptada y querida.

Y así nació mi yo perfeccionista, como respuesta a mi necesidad de ser aceptada y querida.

Evidentemente yo era una niña y no tenía herramientas suficientes para discernir lo que es amor y lo que no. Yo simplemente interpretaba los gestos y palabras de mis mayores. Y con el tiempo fui olvidando el para qué de mi comportamiento. Quedando solo mi auto-exigencia en ser perfecta y hacer las cosas perfectas para que realmente me valoren los demás (y yo misma). Exagerándolo al máximo y teniendo la necesidad de ser aceptada y valorada positivamente por todos (cosa imposible).

Darte cuenta de todo esto es maravilloso y sanador. Ahora me siento liberada de una carga que llevado por mucho tiempo y que me ha limitado en muchas de las cosas que he querido hacer.

En otro post os contaré qué hacer con esta información. Y cómo manejarla para liberarte realmente y sanar la herida de esa niña o niño interior. Aunque el primer paso es darse cuenta de qué está ocurriendo, puede que necesites herramientas y/o acompañamiento para los siguientes pasos.

Rocío Toronjo.




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